{"id":1961,"date":"2019-09-03T01:22:07","date_gmt":"2019-09-03T06:22:07","guid":{"rendered":"http:\/\/un-paso-aldia.com\/?p=1961"},"modified":"2019-09-03T01:22:07","modified_gmt":"2019-09-03T06:22:07","slug":"preparacion-para-la-muerteescrito-porsan-alfonso-maria-de-ligoriodoctor-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unpasoaldia.housedev.co\/index.php\/2019\/09\/03\/preparacion-para-la-muerteescrito-porsan-alfonso-maria-de-ligoriodoctor-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"PREPARACI\u00d3N PARA LA MUERTE<\/strong>Escrito porSAN ALFONSO MAR\u00cdA DE LIGORIODoctor de la Iglesia"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>CONSIDERACI\u00d3N<\/strong><strong>&nbsp;PRIMERA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Retrato de un hombre que acaba de morir<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pulvis es, et in pulverem reverteris.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Polvo eres y en polvo te convertir\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Gn. 3. 19.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/unpasoaldia.wordpress.com\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/dfd77-104a12054591978808625910.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1962\" \/><\/figure>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p><strong>PUNTO 1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Considera que tierra eres y en tierra te has de convertir. D\u00eda llegar\u00e1 en que ser\u00e1 necesario morir y pudrirse en una fosa, donde estar\u00e1s cubierto de gusanos (Sal., 14, 11). A todos, nobles o plebeyos, pr\u00edncipes o vasallos, ha d\u00e9 tocar la misma suerte. Apenas, con el \u00faltimo suspiro, salga el alma del cuerpo, pasar\u00e1 a la eternidad, y el cuerpo, luego, se reducir\u00e1 a polvo (Sal. 103, 29).<\/p>\n\n\n\n<p>Imag\u00ednate en presencia de una persona que acaba de expirar: Mira aquel cad\u00e1ver, tendido a\u00fan en su lecho mortuorio; la cabeza inclinada sobre el pecho; esparcido el cabello, todav\u00eda ba\u00f1ado con el sudor de la muerte; hundidos los ojos; desencajadas las mejillas; el rostro de color de ceniza; los labios y la lengua de color de plomo; yerto y pesado el cuerpo&#8230; \u00a1Tiembla y palidece quien lo ve!&#8230; \u00a1 Cu\u00e1ntos, s\u00f3lo por haber contemplado a un pariente o amigo muerto, han mudado de vida y abandonado el mundo!<\/p>\n\n\n\n<p>Pero todav\u00eda inspira el cad\u00e1ver horror m\u00e1s intenso cuando comienza a descomponerse&#8230; Ni un d\u00eda ha pasado desde que muri\u00f3 aquel joven, y ya se percibe un hedor insoportable. Hay que abrir las ventanas, y quemar perfumes, y procurar que pronto lleven al difunto a la iglesia o al cementerio, y que le entierren en seguida, para que no inficione toda la casa&#8230; Y el que haya sido aquel cuerpo de un noble o un potentado no servir\u00e1, acaso, sino para que despida m\u00e1s insufrible fetidez, dice un autor (1).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1 Ved en lo que ha venido a parar aquel hombre soberbio, aquel deshonesto!&#8230; Poco ha, ve\u00edase acogido y agasajado en el trato de la sociedad; ahora es horror y espanto de quien le mira. Apres\u00faranse los parientes a arrojarle de casa, y pagan portadores para que, encerrado en su ata\u00fad, se lo lleven y den sepultura&#8230; Pregonaba la fama no ha mucho el talento, la finura, la cortes\u00eda y gracia de ese hombre; mas a poco de haber muerto, ni aun su recuerdo se conserva (Sal. 9, 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Al o\u00edr la nueva de su muerte, lim\u00edtanse unos a decir que era un hombre honrado; otros, que ha dejado a su familia con grandes riquezas. Contr\u00edstame algunos, porque la vida del que muri\u00f3 les era provechosa; al\u00e9granse otros, porque esa muerte puede serles \u00fatil.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin, al poco tiempo, nadie habla ya de \u00e9l, y hasta sus deudos m\u00e1s allegados no quieren que de \u00e9l se les hable, por no renovar el dolor. En las visitas de duelo se trata de otras cosas; y si alguien se atreve a mencionar al muerto, no falta un pariente que diga: \u00ab\u00a1 Por caridad, no me lo nombr\u00e9is m\u00e1s!\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Considera que lo que has hecho en la muerte de tus deudos y amigos as\u00ed se har\u00e1 en la tuya. Entran los vivos en la escena del mundo a representar su papel y a recoger la hacienda y ocupar el puesto de los que mueren; pero el aprecio y memoria de \u00e9stos poco o nada duran. Afl\u00edgense al principio los parientes algunos d\u00edas, mas en breve se consuelan por la herencia que hayan obtenido, y muy luego parece como que su muerte los regocija. En aquella misma casa donde hayas exhalado el \u00faltimo suspiro, y donde Jesucristo te habr\u00e1 juzgado, pronto se celebrar\u00e1n, como antes, banquetes y bailes, fiestas y juegos&#8230; Y tu alma, \u00bfd\u00f3nde estar\u00e1 entonces?<\/p>\n\n\n\n<p>(1) Gravius foetent divitum corpora\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>AFECTOS Y S\u00daPLICAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Gracias mil os doy, oh Jes\u00fas y Redentor m\u00edo, porque no hab\u00e9is querido que muriese cuando estaba en desgracia vuestra! \u00a1Cu\u00e1ntos a\u00f1os ha que merec\u00eda estar en el infierno!&#8230; Si hubiera muerto en aquel d\u00eda, en aquella noche, \u00bfqu\u00e9 habr\u00eda sido de m\u00ed por toda la eternidad?&#8230; \u00a1Se\u00f1or!, os doy fervientes gracias por tal beneficio.<\/p>\n\n\n\n<p>Acepto mi muerte en satisfacci\u00f3n de mis pecados, y la acepto tal y como os plazca envi\u00e1rmela. Mas ya que me hab\u00e9is esperado hasta ahora, retardadla un poco todav\u00eda. Dadme tiempo de llorar las ofensas que os he hecho, antes que llegue el d\u00eda en que hab\u00e9is de juzgarme (Jb., 10, 20).<\/p>\n\n\n\n<p>No quiero resistir m\u00e1s tiempo a vuestra voz&#8230; \u00a1Qui\u00e9n sabe si estas palabras que acabo de leer son para m\u00ed vuestro \u00faltimo llamamiento! Confieso que no merezco misericordia. \u00a1Tantas veces me hab\u00e9is perdonado, y yo, ingrato, he vuelto a ofenderos! \u00a1Se\u00f1or, ya que no sab\u00e9is desechar ning\u00fan coraz\u00f3n que se humilla y arrepiente, ved aqu\u00ed al traidor que, arrepentido, a Vos acude! Por piedad, no me arroj\u00e9is de vuestra presencia (Sal. 50, 13).<\/p>\n\n\n\n<p>Vos mismo hab\u00e9is dicho: Al que viniere a M\u00ed no le desechar\u00e9. Verdad es que os he ofendido m\u00e1s que nadie, porque m\u00e1s que a nadie me hab\u00e9is favorecido con vuestra luz y gracia. Pero la sangre que por m\u00ed hab\u00e9is derramado me da \u00e1nimos y esperanza de alcanzar perd\u00f3n si de veras me arrepiento&#8230; S\u00ed, bien sumo de mi alma; me arrepiento de todo coraz\u00f3n de haberos despreciado.<\/p>\n\n\n\n<p>Perdonadme y concededme la gracia de amaros en lo sucesivo. Basta ya de ofenderos. No quiero, Jes\u00fas m\u00edo, emplear en injuriaros el resto de mi vida; quiero s\u00f3lo invertirle en llorar siempre las ofensas que os hice, y en amaros con todo mi coraz\u00f3n. \u00a1Oh Dios, digno de amor infinito!&#8230; \u00a1Oh Mar\u00eda, mi esperanza, rogad a Jes\u00fas por mi!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>PUNTO 2<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mas para ver mejor lo que eres, cristiano\u2014dice San Juan Cris\u00f3stomo\u2014, ve a un sepulcro, contempla el polvo, la ceniza y los gusanos, y llora. Observa c\u00f3mo aquel cad\u00e1ver va poni\u00e9ndose l\u00edvido, y despu\u00e9s negro. Aparece luego en todo el cuerpo una especie de vell\u00f3n blanquecino y repugnante, de donde sale una materia p\u00fatrida, viscosa y hedionda, que cae por la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Nacen en tal podredumbre multitud de gusanos, que se nutren de la misma carne, a los cuales, a veces, se agregan las ratas para devorar aquel cuerpo, corriendo unas por encima de \u00e9l, penetrando, otras por la boca y las entra\u00f1as. C\u00e1ense a pedazos las mejillas, los labios y el pelo; descarnase el pecho, y luego los brazos y las piernas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los gusanos, apenas han consumido las carnes del muerto, se devoran unos a otros, y de todo aquel cuerpo no queda, finalmente, m\u00e1s que un f\u00e9tido esqueleto, que con el tiempo se deshace, separ\u00e1ndose los huesos y cayendo del tronco la cabeza. Reducido como a tamo de una era de verano que arrebat\u00f3 \u00e9l viento&#8230; (Dn., 2, 35). Esto es el hombre: un poco de polvo que el viento dispersa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1, pues, aquel caballero a quien llamaban alma y encanto de la conversaci\u00f3n? Entrad en su morada; ya no est\u00e1 all\u00ed. Visitad su lecho; otro lo disfruta. Buscad sus trajes, sus armas; otros lo han tomado y repartido todo. Si quer\u00e9is verle, asomaos a aquella fosa, donde se halla convertido en podredumbre y descamados huesos&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh Dios m\u00edo! Ese cuerpo alimentado con tan deliciosos manjares, vestido con tantas galas, agasajado por tantos servidores, \u00bfse ha reducido a eso?<\/p>\n\n\n\n<p>Bien entendisteis vosotros la verdad, \u00a1oh Santos benditos !, que por amor de Dios\u2014fin \u00fanico que amasteis en el mundo\u2014supisteis mortificar vuestros cuerpos, cuyos huesos son ahora, como preciosas reliquias, venerados y conservados en urnas de oro. Y vuestras almas hermos\u00edsimas gozan de Dios, esperando el \u00faltimo d\u00eda para unirse a vuestros cuerpos gloriosos, que ser\u00e1n compa\u00f1eros y part\u00edcipes de la dicha sin fin, como lo fueron de la cruz en esta vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal es el verdadero amor al cuerpo mortal; hacerle aqu\u00ed sufrir trabajos para que luego sea feliz eternamente, y negarle todo placer que pudiera hacerle para siempre desdichado.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>AFECTOS Y S\u00daPLICAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1 He aqu\u00ed, Dios m\u00edo, a qu\u00e9 se reducir\u00e1 tambi\u00e9n este mi cuerpo, con que tanto os he ofendido: a gusanos y podredumbre! Mas no me aflige, Se\u00f1or; antes bien, me complace que as\u00ed haya de corromperse y consumirse esta carne, que me ha hecho perderos a Vos, mi sumo bien. Lo que me contrista es el haberos causado tanta pena por haberme procurado tan m\u00edseros placeres.<\/p>\n\n\n\n<p>No quiero, con todo, desconfiar de vuestra misericordia. Me hab\u00e9is guardado para perdonarme (Is., 30, 18), \u00bfno querr\u00e9is, pues, perdonarme si me arrepiento?&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Arrepi\u00e9ntome, s\u00ed, \u00a1oh Bondad infinita!, con todo mi coraz\u00f3n, de haberos despreciado. Dir\u00e9, con Santa Catalina de G\u00e9nova: Jes\u00fas m\u00edo, no m\u00e1s pecados, no m\u00e1s pecados. No quiero abusar de vuestra paciencia. No quiero aguardar para abrazaros a que el confesor me invite a ello en la hora de la muerte. Desde ahora os abrazo, desde ahora os encomiendo mi alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Y como esta alma m\u00eda ha estado tantos a\u00f1os en el mundo sin amaros, dadme luces y fuerzas para que os ame en todo el tiempo de vida que me reste. No esperar\u00e9, no, para amaros, a que llegue la hora de mi muerte. Desde ahora mismo os abrazo y estrecho contra mi coraz\u00f3n, y prometo no abandonaros nunca&#8230; \u00a1Oh Virgen Sant\u00edsima!, unidme a Jesucristo y alcanzadme la gracia de que jam\u00e1s le pierda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>PUNTO 3<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En esta pintura de la muerte, hermano m\u00edo, recon\u00f3cete a ti mismo, y mira lo que alg\u00fan d\u00eda vendr\u00e1s a ser:&nbsp;<em>Acu\u00e9r<\/em><em>date de que eres polvo y en polvo te convertir\u00e1s.&nbsp;<\/em>Piensa que dentro de pocos a\u00f1os, quiz\u00e1 dentro de pocos meses o d\u00edas, no ser\u00e1s m\u00e1s que gusanos y podredumbre. Con tal pensamiento se hizo Job (17, 14) un gran santo.&nbsp;<em>A la po<\/em><em>dredumbre dije: Mi padre eres t\u00fa, y mi madre y mi hermana a los gusanos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Todo ha de acabar. Y si en la muerte pierdes tu alma, todo estar\u00e1 perdido para ti.&nbsp;<em>Consid\u00e9rate ya muerto<\/em>\u2014dice San Lorenzo Justiniano (2)\u2014,&nbsp;<em>pues sabes que necesaria<\/em><em>mente has de morir.&nbsp;<\/em>Si ya estuvieses muerto, \u00bfqu\u00e9 no desear\u00edas haber hecho?&#8230; Pues ahora que vives, piensa que alg\u00fan d\u00eda muerto estar\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Dice San Buenaventura que el piloto, para gobernar la nave, se pone en el extremo posterior de ella. As\u00ed, el hombre, para llevar buena y santa vida, debe imaginar siempre que se halla en la hora de morir. Por eso exclama San Bernardo (3):&nbsp;<em>Mira los pecados de tu juventud,&nbsp;<\/em><em>y rubor\u00edzate; mira los de la edad viril, y llora; mira los&nbsp;<\/em><em>\u00faltimos des\u00f3rdenes de la vida, y estrem\u00e9cete,&nbsp;<\/em>y ponles pronto remedio.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando San Camilo de Lelis se asomaba a alguna sepultura, dec\u00edase a s\u00ed mismo: \u00abSi volvieran los muertos a vivir, \u00bfqu\u00e9 no har\u00edan por la vida eterna? Y yo, que tengo tiempo, \u00bfqu\u00e9 hago por mi alma?&#8230;\u00bb Por humildad dec\u00eda esto el Santo; mas t\u00fa, hermano m\u00edo, tal vez con raz\u00f3n pudieras temer el ser aquella higuera sin fruto de la cual dijo el Se\u00f1or:&nbsp;<em>Tres a\u00f1os que vengo a buscar fruto&nbsp;<\/em><em>a esta higuera, y no le hallo (Lc., 13,&nbsp;<\/em>7).<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00fa, que est\u00e1s en el mundo m\u00e1s de tres a\u00f1os ha, \u00bfqu\u00e9 frutos has producido?&#8230; Mirad\u2014dice San Bernardo\u2014que el Se\u00f1or no busca solamente flores, sino frutos; es decir, que no se contenta con buenos prop\u00f3sitos y deseos, sino que exige santas obras.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabe, pues, aprovecharte de este tiempo que Dios, por su misericordia, te concede, y no esperes para obrar bien a que ya sea tarde, al solemne instante en que se te diga:&nbsp;<em>\u00a1Ahora! Lleg\u00f3 el momento de dejar este mundo.&nbsp;<\/em>\u00a1Pronto!&#8230; Lo hecho, hecho est\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>(2) De ligno vitae, cap. IV.<\/p>\n\n\n\n<p>(3) Vide prima et erubesce; vide media et ingemisce: vide novissima et contremisce<\/p>\n\n\n\n<p><strong>AFECTOS Y S\u00daPLICAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed me ten\u00e9is, Dios m\u00edo; yo soy aquel \u00e1rbol que desde muchos a\u00f1os ha merec\u00eda haber o\u00eddo de Vos estas palabras:&nbsp;<em>C\u00f3rtale, pues \u00bfpara qu\u00e9 ha de ocupar terreno en&nbsp;<\/em><em>balde?&#8230; (Lc.,&nbsp;<\/em>13, 7). Nada m\u00e1s cierto, porque en tantos a\u00f1os como estoy en el mundo no os he dado m\u00e1s frutos que abrojos y espinas de mis pecados&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Mas Vos, Se\u00f1or, no quer\u00e9is que yo pierda la esperanza. A todos hab\u00e9is dicho que&nbsp;<em>quien os busca os halla&nbsp;<\/em><em>(Lc.,&nbsp;<\/em>11, 9). Yo os busco, Dios m\u00edo, y quiero recibir vuestra gracia. Aborrezco de todo coraz\u00f3n cuantas ofensas os he hecho, y quisiera morir por ellas de dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>Si en lo pasado hu\u00ed de Vos, m\u00e1s aprecio ahora vuestra amistad que poseer todos los reinos del mundo. No quiero resistir m\u00e1s a vuestro llamamiento. Ya que es voluntad vuestra que del todo me d\u00e9 a Vos, sin reserva a Vos me entrego todo&#8230; En la cruz os disteis todo a m\u00ed. Yo me doy todo a Vos.<\/p>\n\n\n\n<p>Vos, Se\u00f1or, hab\u00e9is dicho:&nbsp;<em>Si algo pidiereis en mi nom<\/em><em>bre, Yo lo har\u00e9 (Jn.,&nbsp;<\/em>14, 14). Confiado yo, Jes\u00fas m\u00edo, en esta gran promesa, en vuestro nombre y por vuestros m\u00e9ritos os pido vuestra gracia y vuestro amor. Haced que de ellos se llene mi alma, antes morada de pecados.<\/p>\n\n\n\n<p>Gracias os doy por haberme inspirado que os dirija esta oraci\u00f3n, se\u00f1al cierta de que quer\u00e9is o\u00edrme. O\u00eddme, pues, \u00a1oh Jes\u00fas m\u00edo!, concededme vivo amor hacia Vos, deseo eficac\u00edsimo de complaceros y fuerza para cumplirle&#8230; \u00a1Oh Mar\u00eda, mi gran intercesora, escuchadme Vos tambi\u00e9n, y rogad a Jes\u00fas por m\u00ed!<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONSIDERACI\u00d3N&nbsp;PRIMERA Retrato de un hombre que acaba de morir Pulvis es, et in pulverem reverteris. Polvo eres y en polvo te convertir\u00e1s. 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